lunes, 17 de febrero de 2014

LA UTOPÍA ERA ESTO

"La idea de una raza de hombres superiores es más odiada que los mismos reyes. Lo anti aristocrático manifiesta su odio a los reyes como máscara."

Friedrich Nietzsche.


La instalación de un detector de homosexualidad masculina, diseñado por médicos para impedir la entrada en el Kuwait de potenciales sarasas, o el sacrificio público presuntamente didáctico de la jirafa Marious en un zoológico danés, dan pie a algunas reflexiones más allá de los muy bastardos enfoques mediáticos expectorados tras la emisión y difusión sistemática de éstas “informaciones”. Interpretaciones sentimentaloídes de corte humanitario o animalista (ya indistinguibles dada la catadura de emisores y receptores) destinadas a impulsar el molino de lo Políticamente Correcto, que en gran medida está vinculado a este abrasivo panorama de locura y despotismo que se cierne sobre todos, ocultan el sentido real de los acontecimientos. No cabe duda que si la decisión para detectar homosexuales se hubiese tomado en Hungría, un país católico con problemas con la Unión Europea, las manifestaciones y alaridos del sector progresista del paisanaje se hubiesen hecho oír durante semanas. Como la decisión ha sido tomada por un pequeño país musulmán, de quien dependen numerosas economías por su enorme provisión de petróleo, todo queda en una anécdota. Y a mirar para otro lado...

Esta es una de las consecuencias de que la verdad haya derivado, gracias a la influencia marxista, de los Mass Media y de la Razón de Estado, a tener un sentido meramente político. Y lo político no es ya más que la gestión de la coyuntura por las élites delegadas junto con la difusión simplificada de ideologemas para su fagocitación invertebrada por el personal de servicio. Si los gangsters llevan turbante, o rezan a Alá, no son gangsters son “hermanos” o terroristas; según le venga bien al poder de turno: Putin, Bush, los dirigentes chinos u Obama.

El aparato en cuestión puede muy bien ser re-acomodado a la detección de todo tipo de “tendencias” que pueden ser “descubiertas” por modificaciones rápidas de los patrones de comportamiento más básicos. En este caso: la erección. Puedo imaginar perfectamente ser sometido a combinaciones de electroencefalogramas o electrocardiogramas ante estímulos que pueden llegar a detectar, presuntamente incluso, determinadas tendencias políticas o religiosas. Obviamente la demonización y la sensación de amenaza creada por los Mass Media, así como el “hecho consumado”, llevarán a su admisión por las grandes masas de becerros que habitan hoy en cualquier lugar del mundo y ostentan las más diversas identidades religiosas, sociales, raciales o políticas. Las masas nunca son buenas aunque los estultos aspirantes al leninismo-Bernays piensen, por la cuenta que les trae, lo contrario.

Recuerdo a los españoles y madrileños que me leen que es gracias a Kuwait que disfrutamos de un infecto y telúricamente intrusivo enclave post urbano en la Plaza de Castilla, las repelentes Torres KIO. Es la capital del Reino epicentro señalado de una las degradaciones urbanas más significativas e inquietantes del planeta. Convocado el horror en las postrimerías del franquismo (el papel de la Iglesia Católica y de la Obra aun ha de ser investigado en profundidad) ha alcanzado con la Transición su culmen, convirtiendo la ciudad en inhabitable aunque superpoblada, no diré de qué. Pero eso sí es una de las más beneficiosas económicamente de Europa para sus minoritarios gestores. La combinación de codicia camuflada de “emprendimiento” (élites), idiocia metamorfoseada en “meritocracia” (expertos en arquitectura y urbanismo) y pasividad e ignorancia crudamente fomentada mediante las instituciones educativas (neomujiks metropolitanos, portadores de derechos y dependientes de todo tipo de “servicios”) es casi invencible. Afortunadamente existen las bombas de neutrones.

Lo que tienen en común estas dos noticias es que en ambas se combinan actos administrativos (definitivos e inapelables de facto en su inmensa mayoría, como todo lo que se produce en nuestro Estado de Desecho democrático) con una turbia legitimación científica. El camino sin duda, vía despolitización y entrega del poder cotidiano a expertos y ONGs, hacia el “mundo feliz.”

Un animal de granja multitudinario, aculturado y mestizo es el paradigma del futuro sujeto global. Calificarlo de humano, por mucho que lo repitan las Naciones Unidas (1) que lleva desde su nacimiento posicionándose en favor de esta variedad de híbrido entre hombre, moviola y puerco, es una mera presunción semántica. Un animal de granja es sólo un bicho y como tal, guste o no guste escucharlo y sentirlo, será y es tratado consecuentemente por los Patrocinadores; aunque constituya mayoría censal demográfica.

Es inevitable señalar con ironía que si este aparato fuese aplicado a los propios habitantes del pequeño rincón del desierto llamado Kuwait, musulmanes “moderados” en su inmensa mayoría, nos llevaríamos grandes sorpresas: ¿se atreverían a expulsar del país al treinta por ciento de sus pobladores? Propongo colocarlo de inmediato a la entrada y salida de las mezquitas de Andalucía.

El caso Marious habla por sí mismo a estas muchedumbres a las que ayuda a condicionar. Es obvio, aunque no se diga en los noticiarios, que en los zoológicos se alimenta a los depredadores con carne de otros habitantes del lugar. No es fácil dar a tigres y leones pienso vegetariano transgénico y que asientan con fruición. A los humanos no les importa tanto esto, se adaptan a lo que sea y tiran hacia ¿adelante? Como usuarios de aviones, de servicios médicos o como votantes, a pesar del hedor a redil y la degeneración subyacente. El judeocristianismo y la Ilustración nos han acostumbrado ya a casi todo (2). La problemática del caso Marious está en la combinación del acto de dar de comer los restos troceados, tras la disección pertinente de la criatura, con las justificaciones eugenistas, todo ello en el el ambiente espectacular generado por los administradores del zoológico y los Media (“luz y taquígrafos”) Democracia global en marcha, es decir: barbarie.

Rechazadas con arrogancia burocrática las solicitudes de salvar a la jirafa, el acto administrativo públicamente gestionado con el “tam tam” mediático da cuenta de lo que se nos viene encima. Todo tipo de absurdos y locuras intrusivas científicamente justificadas por expertos se llevarán a la práctica, contra viento y marea, gusten o no gusten a los receptores. Ese es el mensaje básico. Cierto que si los responsables de la disección hubieran sido muertos in situ por los espectadores, incendiadas las oficinas del zoo y liberados los animales a continuación, la cosa se hubiese tenido que gestionar de otra manera. Pero la multitud sólo saltará cuando le den instrucciones los agitadores patrocinados por las agencias de seguridad (3) para mejor dar otra vuelta de tuerca, tras dialectizar el conflicto, hacia otras dimensiones más profundas de la tiranía. Pensar que Pablo Iglesias viene del espacio sideral para traernos la verdad revelada por Marx es pura idiocia.

Aun no hemos entendido que la comunicación de masas, más allá del marketing o la propaganda que vehiculan, es en si misma un experimento social de corte netamente deshumanizador; legitimado por quienes requieren la uniformidad cultural para la implementacion de sus despreciables y perjudiciales agendas ideológicas y técnicas. Es decir: Financieros y “revolucionarios”, humanoídes asociados.

La democracia significa la no creencia en hombres superiores, en clases elegidas: “todos somos iguales”. En el fondo todos somos un rebaño egoísta y plebeyo.

El armamento del pueblo es en última instancia el armamento de la plebe.

Friedrich Nietzsche.



(1) O neo marxistas como Zyzek o Negri que creen poder conducirlo a verdes y rojos pastos.

(2) Leo en un Tweet bien intencionado: Violencia institucional, dictadura sobre los cuerpos, control de los placeres y de los afectos. Esto es una jodida distopía. Pues claro.

(3) En Spain ya se están calentando motores para algaradas de la extrema izquierda madrileña con la sin duda meritoria y profesional aquiescencia de nuestros Servicios. Reestreno del 15M en otro formato más duro, para profundizar en la Democracia...

 

jueves, 15 de agosto de 2013

Antropología de la frikez

 

EL DRAMA TARDOLESCENTE

Gonzalo Vázquez

Publicado originalmente en www.jotdown.es

 

Tiene casi treinta años. Podría tener veinte o cuarenta. En lo esencial nada ha cambiado ni lo hará. En algún momento su carácter y posición en el mundo se detuvieron, como el aire de las cuatro paredes que lo encierran. Son muchos. En realidad demasiados. No se les oye ni ve. Viven ocultos, palpitan en secreto y como perciben la existencia a solas se deslizan como espectros a la intemperie social, que con disgusto deben cruzar a diario.

Una ramplona perspectiva material los ha venido explicando por el retraso en su independencia. Viven en casa de sus padres como si algo dramático fuese a variar de hacerlo fuera, en el alquiler de una habitación que comparten con otros iguales, donde a lo sumo cambiará el marco pero difícilmente el cuadro, en cuyo tenue interior apenas se ha reparado.

En el alma de ese eterno joven dormita una vida afectiva que sigue enfermando. Muy temprano asumió que su emoción no era permeable, que del intercambio amoroso universal había sido descartado y que sentimentalmente habría de bastarse a sí mismo. Que mejor le sabría renunciar a la vida social que seguir deambulando por ella y castigar así la conciencia con la privación que mayor tormento le causa.

Nada más decidió que resignarse. Y los años de rutina solitaria fortalecieron los barrotes que le separan del mundo exterior, el abismo que subraya su vulnerable condición.

Hubo un tiempo en que agrupado sentía algún calor. De noche se entregaba con otros al alcohol y hasta empleaba su primera lucidez en cruzar la orilla y acercarse a ellas. Eran momentos de una valentía instantánea, de una ingenuidad sin nombre que atenuaba el sinsabor de las negativas hasta la noche siguiente, como creyendo que siempre habría una más.

Ese tiempo ha pasado. Voló en un suspiro. Ahora apenas encuentra arreglo entre los mortales. Se siente ridículo en cualquier bar, un pasmarote sin sombra en corrillos que no le apetecen. Alguna vez se anima y entre compañeros más que amigos disfruta un ligero cosquilleo. Pero de reojo no pierde ocasión en descubrir un rostro bello, unas piernas suaves o unas formas glotonas y lamentar que algún otro las goce. Por eso de un trago vuelve en sí para acabar matando la noche en su refugio consumiendo a solas cualquier cosa de la FNAC, el comercio que más frecuenta y del que se atiborra a ritmo endiablado.

Porque careciendo de vida afectiva afirma la vida culta, motivo por el que su conciencia le recuerda sin piedad qué le lleva a matar su tiempo entre románticos y foreros que como él dieron la espalda a la luz. Y en penumbra encuentra un sordo placer en ignorar el ardor de las pasiones y hasta en masturbar aprisa sus brotes, cuya insistencia maldice.

La distancia al otro sexo ha tornado ya infranqueable. Lo hizo en el momento de justificarla. No se identifica con el vulgar escaparate de bíceps y berzas. Tampoco con el cargante 15-M, de cuya tribal estética sospecha. Y nada repudia más que el veneno conservador de las niñas bien, de ninguna de las cuales disfrutó jamás una mirada. En esta terrible simplificación del mundo femenino, deformado en molde político, cree así agotada su fauna. Pero no su añoranza. Desea entonces una chica normal pero no sabe dónde encontrarla. Y su orgullo, ese gusano que devora sus entrañas, ha inflamado tanto que descarta entregarse a la red. La solución es, pues, la renuncia. La vuelta al ovillo sin haber dado un paso.

Pero el tormento vuelve enseguida a la carga. Porque la vida en quietud orbita en un bucle sin meta. Y porque sigue siendo un hombre. Solo que aún no ha tenido oportunidad de comprobarlo.

Por eso un encuentro sexual le viene grande. Ve el cielo abierto a su posibilidad. Pero se va nublando a medida que la inseguridad lo posee. No entiende cómo es posible haber deseado tanto lo que ahora le aterra. Así ocurre que la noche en que el azar del destino lo elige descubre con ingrata extrañeza la hediondez de un coño, la torpeza en acertar su diana a oscuras, las reacciones indescifrables de ella, su sospechoso silencio y como un terrible guión cuyo orden ignora de raíz. Habituado a la vida mental, al placer cognitivo, esta violenta sobrecarga de los sentidos dificulta su erección. Descubre entonces que la experiencia in situ nada tiene que ver con el atletismo sexual de que su sobredosis de porno le creyó convencido.

Admite así con horror la remota distancia entre el consumo y la escena protagonista. Es un novicio. Y la dictadura genital y el imperativo de satisfacción femenina con que ha sido bombardeado en vida le impiden el goce y hasta entender las razones por las cuales lo sexual era el último y como más importante plano de conquista. Aterrado desea entonces huir, desaparecer del fracaso, regresar al único espacio que comprende, al muelle de la obesidad solitaria.

Hasta podría enamorarse sin saber qué le ocurre. Y desatender ensimismado todo cuanto no concentra su objeto amado. No siendo correspondido su frustración aumenta y una de las primeras consecuencias es renegar de aquellas sensibilidades atribuidas a la feminidad. Antes bien se convence de su naturaleza diabólica. Habrá cruzado entonces una peligrosa frontera. Ya no verá mujeres. Solo enemigos envueltos en seductora forma de presa sexual. Una visión envenenada al punto de percibir la belleza que no hace suya como un calvario, peor cuanto más irresistible aquélla.

El desarrollo de la misoginia es más lento y silencioso de lo que su perspectiva histórica sostiene. No es tanto origen como desenlace. No medra tanto en el subconsciente y albores de la vida cuanto en las vívidas decepciones sufridas en los años de flor y conquista. La coartada biológica de Aristóteles o la genética en Schopenhauer palidecen ante la definición alfonsina de la mujer como la fuente de confusión del hombre, el peligro que no guarda medida. Esto lo sabe bien tanto el misógino como el que se quedó a las puertas de padecerlo antes de entregarse.

Misoginia y misandria son males del alma. Males adquiridos que nada podrá combatir si la experiencia de la víctima es verdadera. No será otro el motivo de futuras cautelas en el terreno que más libre debiera verse de ellas. De ahí que Russell lamentara la cautela en el amor como la más letal para la felicidad auténtica.

El sujeto tardolescente vive en silencio su drama interior. Ese joven nació y creció sin un solo defecto. No congénito. Tres décadas después sigue sin haberlo. Y sin embargo nada siente con más fuerza que el defecto de su vida, fuente de todos los demás.

Cabe incorporar este proceso paradójico al derecho de inadmisión a que la masculinidad ha sido sometida en el último cuarto de siglo.

Ningún fundamento arquetípico ha sido más despreciado por la cultura moderna que la noción clásica de hombre. Hace tiempo que la publicidad norteamericana se sacudió los complejos de beatificar a mujeres y negros por una especie de atávica culpa que compensar la cultura popular. Hoy día informa esa mercadotecnia un desbordante sentido del humor libre por fin de morales reparaciones a presuntas víctimas del pasado. Dominada por vehículos, seguros y comida la publicidad norteamericana no se mete en líos. Elude así dar motivos al sediento enjambre de papanatas dispuestos a saltar a la mínima.

En España el proceso publicitario de la compensación, que culpaba al hombre deificando a la mujer, ha remitido notablemente. Pero hasta hace bien poco un hombre valía menos que una lavadora y ninguna asociación ponía el grito en el cielo. En el mundo comercial, el pilar simbólico sobre el que se sostiene la sociedad de consumo, el hombre ha venido encajando todos los golpes sin rechistar.

La cultura popular en los Estados Unidos no ha fortalecido tanto la figura femenina como en España, que acomplejada sigue dando saltos sin orden ni concierto. Del destape al porno a una cultura tan hiperfeminizada como para hacer del gay un icono de modernidad. El prototipo saliente de esa huida de la vergüenza presentaba a una mujer firme, poderosa, liberada y autónoma. Pero al mismo tiempo insensible, material y superflua, un ente algo sádico que sobrevolaba al hombre cuando no lo pisaba con saña en su escrotal masculinidad reduciéndolo con moroso deleite a erótico delantal, a primario objeto sexual. Al fervor de la culpa masculina ocurrió que ni siquiera podrían darse mujeres frígidas. Solo falos incapaces. Así toda humillación encajaba para solaz de la nueva mujer, una estúpida caprichosa que ha venido triunfando en el discurso simbólico como preferible a toda mujer anterior.

Por el contrario el hombre no encontró un nuevo molde más allá de la erosión y desguace del anterior. No se repuso el cadáver. Admitir la congénita idiocia masculina y como una etérea superioridad del otro sexo pasó a formar parte del orden natural. La cultura devino así hermafrodita. Y cuanto más elevadas sus presunciones, cuanto más celestes sus metas, más lejos del empedrado masculino.

La campaña de Loewe por ejemplo, una oda al exterminio del publicismo indolente, exhibe en términos surreales a una pueril patulea de disfrazados con un único denominador común: la exclusión del hombre. Ni uno solo hace acto de presencia y cuanto lo sugiere es de plástico. Es el hombre, al margen de nociones, la figura de que huir, el polvo que sacudir bajo la alfombra. El hombre es lo primitivo y mostrenco, la realidad prosaica y velluda sin tacto ni cabida en esos bolsos que figuran una sexualidad difusa de la que únicamente se desprende que las sutilezas de estilo y diseño, los alardes del arte, no están al alcance de lo masculino real.

En su desbocada provocación erraba así Umbral refiriendo mujeres de piscifactoría. Más bien al contrario, es su orbe el sexo intacto siendo el hombre el nervio confuso, zarandeado, anómico y errante.

El peaje de un feminismo activista y una deplorable interpretación del correctismo político vapulearon –en términos de Hayward– al varón, que en adelante sufriría una grave crisis de identidad como impelido a renunciar a lo más sagrado de su ser.

En medio de la confusa renovación, dominada por represalias en lugar de ideales, admitió el sexo masculino un nuevo tipo de hombre menos superior que deseable. No era nada definido. Solo retales con que ir cubriendo sus vergüenzas cosiendo de paso a flechazos el cuerpo del guerrero, el alma del héroe, el hombre rampante. La solución pasaba por un tipo comprensivo, tierno y sensible. Que llorase si así procedía. Un hombre frágil como al servicio de la maternidad. Nadie tuvo en cambio el valor de advertir a los nuevos jóvenes que la bondad es a ellas la menos erótica de las cualidades. Y que más que deseo inspirará compasión.

El nuevo hombre se veía así abocado, lo quisiera o no, a amistar con ellas antes de dar otro paso.

Los efectos de la oleada pueden sentirse hoy día en una masa invisible. La primera generación que sucede al asesinato del hombre, la generación de jóvenes varones más inocente que ha conocido el sangrante pueblo español, padece hoy de improvisadas exigencias que nuevamente asestan golpes a su tierna medular. Un realismo exacerbado potencia al macho que en el corazón de la noche sigue triunfando muy por encima de las sutilezas presumiblemente efectivas. Y hasta la fecha no se conoce índice más fiel a la temperatura erótica de un pueblo.

El tardolescente solitario sufre la inercia de llegar a creer que fuera de su refugio, en el mundo exterior que ya no respira, se libra un festín de desenfreno sexual cuya exclusión llega a padecer como un condenado. No hace falta esa condición para hacer propia esa miopía. Un ciudadano de a pie puede experimentar igual desolación al incesante desfile de putas y futbolistas. Pero la pesadumbre que invade al primero será mucho mayor, tendrá una raíz más honda y poética.

Ese chico incapaz de disfrutar su juventud, que ha renunciado a ella, está preparado, es inteligente, hábil y adaptable. Sus valores no han sido enseñados sino asumidos. Es moralmente más justo que toda generación anterior. Y sin embargo es víctima de algo que no comprende. Sufre así arrebatos en maldecir su independencia llegando a codiciar la unión ajena y hasta su denostada figura del matrimonio, que vio formar uno a uno a sus antiguos amigos.

Se apresuró en España un tiempo de engaño donde la primera institución a derribar era el matrimonio. Qué terrible fracaso. Nadie reparó en la gigantesca torpeza de concebir el ensayo al mezquino espíritu español, combativo en lo vulgar y sin mayores ambiciones que las domésticas. Fromm no pensó en la piel de toro como el mejor laboratorio para el miedo a la libertad. Y sin embargo no habría encontrado ejemplo más ideal.

De estudiarse en profundidad el origen de la mayor parte de matrimonios jóvenes de este país, de cómo se formaron y qué cualidades condujeron al acuerdo, los pilares sobre los que se asienta esa institución tendrían el grosor de un lápiz. Porque apenas se hallarían pruebas más veraces que el miedo a la castración vital de ellos y a la soledad en ellas, privación del mandato biológico. Con deplorable frecuencia el hombre asume la mano del primer coño que toma. Ella, del primer interesado en tomarla. Así cumplen la trampa de Nietzsche de reproducir la especie sin la más remota intención de mejorarla ni divisar un horizonte de común felicidad.

Como hace tiempo que el lenguaje español perdió el mando de su destino, de bautizar a sus nuevos hijos, el nerd, el geek o el freak representan un tipo de inepto social que nutre el tejido en infinito mayor grado del que se presume. Pero a diferencia del idiota doméstico rendido al yugo forzoso este nuevo soltero, que pasó de ideal a denigrado, no entregó su vida a la primera carta y puede seguir jugando en libertad en torno a una pasión, una ambición, un especialismo en sana barbarie.

Es por ello que el tardolescente solitario puede ser el más digno de los infelices. Su alma está herida. Pero sigue siendo suya. No la vendió a la presión de un entorno que en el fondo nunca deseó así.

 

 

sábado, 29 de junio de 2013

Sin Título

Desde un punto de vista budista, la ignorancia que se proyecta en el miedo y el vano apetito impide toda manifestación natural. Históricamente, los filósofos budistas no han sabido analizar hasta qué punto la ignorancia y el sufrimiento eran debidos o favorecidos por factores sociales, considerando el temor y el deseo como hechos intrínsecos a la condición humana. Así, la filosofía budista se interesó principalmente por la teoría del conocimiento y por la psicología en detrimento del estudio de los problemas históricos o sociológicos. Aunque el budismo Mahayana posee una amplia visión de la salvación universal, su realización efectiva se ha concretizado en el desarrollo de sistemas prácticos de meditación para liberar a una minoría de individuos de cuelgues psicológicos y condicionamientos culturales. El budismo institucional ha estado claramente dispuesto a aceptar o a ignorar las desigualdades y las tiranías bajo el sistema político que fuera. Es tal vez la muerte del budismo, puesto que es la muerte de toda forma significativa de compasión. La sabiduría sin compasión no siente dolor.

Hoy en día, ya nadie puede ser inocente o permanecer en la ignorancia de la naturaleza de los gobiernos actuales, de la política y de los órdenes sociales. Los regimenes del mundo moderno mantienen su existencia mediante una avidez y un miedo deliberadamente conservados: extorsiones monstruosas de protección. “El mundo libre” se ha vuelto económicamente dependiente de un sistema increíble de incitación a una avidez que no puede ser colmada, a una sexualidad que no puede ser satisfecha y a un odio que no puede ser expresado salvo contra uno mismo, las personas que se supone que amamos o las aspiraciones revolucionarias de las lamentables sociedades marginales, afectadas por la pobreza, como Cuba o Vietnam. Las condiciones de la guerra fría han transformado todas las sociedades modernas – incluidas las comunistas – en viciosos distorsionadores del verdadero potencial humano. Engendran poblaciones de “preta” – esos fantasmas hambrientos con un apetito de gigante y una garganta no más amplia que una aguja. La tierra, los bosques y toda la vida animal son utilizadas por esos colectivos cancerosos que deshonran el aire y el agua del planeta.

No hay nada en la naturaleza humana o en las condiciones necesarias de las organizaciones sociales humanas que exija en su fondo que una cultura sea contradictoria, represiva y productora de una humanidad violenta y frustrada. Recientes descubrimientos antropológicos y psicológicos lo demuestran de manera cada vez más evidente. Podemos verlo nosotros mismos mediante una correcta percepción de la naturaleza propia o a través de la meditación. Una vez que una persona ha desarrollado esta confianza y esta intuición, esto debe llevarla a un interés real por la necesidad de un cambio social radical mediante una serie de medios que esperamos no sean violentos.

La pobreza gozosa y voluntaria del budismo se convierte en una fuerza positiva. Su tradicional no-violencia y su rechazo a quitar la vida, sea cual sea su forma, tiene implicaciones estremecedoras para las naciones. La práctica de la meditación, que sólo necesita “la tierra bajo los pies”, limpia esos montones de inmundicia que nos han sido vertidos en la mente por los medios de comunicación y las universidades de pacotilla. Creer que la realización tranquila y generosa del deseo natural de amar es posible destroza las ideologías que ciegan, mutilan y reprimen. Esta realización abre la vía a un tipo de comunidad que asombraría a los “moralistas” y que transformaría armadas de hombres que son guerreros feroces por no haber podido ser personas afectuosas.

La filosofía budista del Avatamsaka (Kegon) ve el mundo como una amplia red interconectada en la cual todos los objetos y los seres son necesarios e iluminados. Desde cierto punto de vista, los gobiernos, las guerras y todo lo que consideramos “malo” está, sin duda, dentro de esta globalidad. El halcón, el vuelo en picado y la liebre son uno. Desde el punto de vista “humano”, no podemos vivir en estas condiciones a menos que todos los seres vean con los mismos ojos despiertos. El bodisatva vive según la vida del que sufre, y debe ser útil ayudando a los que sufren.

La revolución social ha sido la misericordia de Occidente; el despertar personal al yo fundamental/vacuidad, la misericordia de Oriente. Necesitamos ambos. Ambos están contenidos en los tres puntos tradicionales de la vía búdica: la sabiduría (prajña), la meditación (dhyâna), y la moralidad (sîla). La sabiduría es el conocimiento intuitivo del espíritu de benevolencia y de claridad que mora bajo las ansiedades y las agresiones que opera el ego. La meditación es ir al fondo del espíritu para ver todo eso por uno mismo – una y otra vez, hasta que se convierte en el lugar en el que uno mora. La moralidad es llevar todo eso a la forma de vivir, mediante la ejemplaridad personal y la acción responsable, en última instancia hacia la verdadera comunidad (la sangha) de “todos los seres”.

Este último aspecto tiene un sentido, para mí, que sustenta toda revolución cultural o económica que se dirige claramente hacia un mundo libre, internacionalizado y sin clases. Significa utilizar medios como la desobediencia civil, la crítica franca, la protesta, el pacifismo, la pobreza voluntara e incluso la violencia suave si se trata de contener a algún reaccionario impetuoso. Significa mantener el espectro de todos los comportamientos individuales no-violentos lo más amplio posible – defendiendo el derecho de los individuos de fumar cannabis, de consumir peyote, de ser polígamo, poliandra o de ser homosexual. Comportamientos y prácticas prohibidas durante largo tiempo por un Occidente judeo-capitalista-cristiano-marxista. Significa respetar la inteligencia y el estudio, pero no bajo su aspecto ávido o como medio para conseguir poder personal. Trabajar bajo la propia responsabilidad, pero querer trabajar en grupo. “Formar la nueva sociedad en la cáscara de la antigua”, fue el eslógan del sindicato Industrial Workers of the World hace cincuenta años.

De todas maneras, las culturas tradicionales están condenadas a desaparecer, y más que acercarse desesperadamente a sus buenos aspectos, deberíamos acordarnos de que cualquier cosa que perteneció o que pertenece a otra cultura puede ser reconstruido por el inconsciente a través de la meditación. De hecho, creo que la revolución venidera volverá a cerrar el círculo y nos volverá a unir de diferentes maneras con los aspectos más creativos de nuestro pasado ancestral. Con un poco de suerte, finalmente podremos llegar a una cultura mundial totalmente integrada que comprenderá una transmisión matrilineal, un casamiento bajo todas sus posibilidades, economía comunista de crédito natural, menos industrias, mucha menos gente y más parques nacionales.

Gary Snider, 1969

 

lunes, 20 de mayo de 2013

Sin Título


Sal con una chica que no lee (Por Charles Warnke)

Sal con una chica que no lee. Encuéntrala en medio de la fastidiosa mugre de un bar del medio oeste. Encuéntrala en medio del humo, del sudor de borracho y de las luces multicolores de una discoteca de lujo. Donde la encuentres, descúbrela sonriendo y asegúrate de que la sonrisa permanezca incluso cuando su interlocutor le haya quitado la mirada. Cautívala con trivialidades poco sentimentales; usa las típicas frases de conquista y ríe para tus adentros. Sácala a la calle cuando los bares y las discotecas hayan dado por concluida la velada; ignora el peso de la fatiga. Bésala bajo la lluvia y deja que la tenue luz de un farol de la calle los ilumine, así como has visto que ocurre en las películas. Haz un comentario sobre el poco significado que todo eso tiene. Llévatela a tu apartamento y despáchala luego de hacerle el amor. Tíratela.

Deja que la especie de contrato que sin darte cuenta has celebrado con ella se convierta poco a poco, incómodamente, en una relación. Descubre intereses y gustos comunes como el sushi o la música country, y construye un muro impenetrable alrededor de ellos. Haz del espacio común un espacio sagrado y regresa a él cada vez que el aire se torne pesado o las veladas parezcan demasiado largas. Háblale de cosas sin importancia y piensa poco. Deja que pasen los meses sin que te des cuenta. Proponle que se mude a vivir contigo y déjala que decore. Peléale por cosas insignificantes como que la maldita cortina de la ducha debe permanecer cerrada para que no se llene de ese maldito moho. Deja que pase un año sin que te des cuenta. Comienza a darte cuenta.

Concluye que probablemente deberían casarse porque de lo contrario habrías perdido mucho tiempo de tu vida. Invítala a cenar a un restaurante que se salga de tu presupuesto en el piso cuarenta y cinco de un edificio y asegúrate de que tenga una vista hermosa de la ciudad. Tímidamente pídele al mesero que le traiga la copa de champaña con el modesto anillo adentro. Apenas se dé cuenta, proponle matrimonio con todo el entusiasmo y la sinceridad de los que puedas hacer acopio. No te preocupes si sientes que tu corazón está a punto de atravesarte el pecho, y si no sientes nada, tampoco le des mucha importancia. Si hay aplausos, deja que terminen. Si llora, sonríe como si nunca hubieras estado tan feliz, y si no lo hace, igual sonríe.

Deja que pasen los años sin que te des cuenta. Construye una carrera en vez de conseguir un trabajo. Compra una casa y ten dos hermosos hijos. Trata de criarlos bien. Falla a menudo. Cae en una aburrida indiferencia y luego en una tristeza de la misma naturaleza. Sufre la típica crisis de los cincuenta. Envejece. Sorpréndete por tu falta de logros. En ocasiones siéntete satisfecho pero vacío y etéreo la mayor parte del tiempo. Durante las caminatas, ten la sensación de que nunca vas regresar, o de que el viento puede llevarte consigo. Contrae una enfermedad terminal. Muere, pero solo después de haberte dado cuenta de que la chica que no lee jamás hizo vibrar tu corazón con una pasión que tuviera significado; que nadie va a contar la historia de sus vidas, y que ella también morirá arrepentida porque nada provino nunca de su capacidad de amar.

Haz todas estas cosas, maldita sea, porque no hay nada peor que una chica que lee. Hazlo, te digo, porque una vida en el purgatorio es mejor que una en el infierno. Hazlo porque una chica que lee posee un vocabulario capaz de describir el descontento de una vida insatisfecha. Un vocabulario que analiza la belleza innata del mundo y la convierte en una alcanzable necesidad, en vez de algo maravilloso pero extraño a ti. Una chica que lee hace alarde de un vocabulario que puede identificar lo espacioso y desalmado de la retórica de quien no puede amarla, y la inarticulación causada por el desespero del que la ama en demasía. Un vocabulario, maldita sea, que hace de mi sofística vacía un truco barato.

Hazlo porque la chica que lee entiende de sintaxis. La literatura le ha enseñado que los momentos de ternura llegan en intervalos esporádicos pero predecibles y que la vida no es plana. Sabe y exige, como corresponde, que el flujo de la vida venga con una corriente de decepción. Una chica que ha leído sobre las reglas de la sintaxis conoce las pausas irregulares –la vacilación en la respiración– que acompañan a la mentira. Sabe cuál es la diferencia entre un episodio de rabia aislado y los hábitos a los que se aferra alguien cuyo amargo cinismo countinuará, sin razón y sin propósito, después de que ella haya empacado sus maletas y pronunciado un inseguro adiós. Tiene claro que en su vida no seré más que unos puntos suspensivos y no una etapa, y por eso sigue su camino, porque la sintaxis le permite reconocer el ritmo y la cadencia de una vida bien vivida.

Sal con una chica que no lee porque la que sí lo hace sabe de la importancia de la trama y puede rastrear los límites del prólogo y los agudos picos del clímax; los siente en la piel. Será paciente en caso de que haya pausas o intermedios, e intentará acelerar el desenlace. Pero sobre todo, la chica que lee conoce el inevitable significado de un final y se siente cómoda en ellos, pues se ha despedido ya de miles de héroes con apenas una pizca de tristeza.

No salgas con una chica que lee porque ellas han aprendido a contar historias. Tú con la Joyce, con la Nabokov, con la Woolf; tú en una biblioteca, o parado en la estación del metro, tal vez sentado en la mesa de la esquina de un café, o mirando por la ventana de tu cuarto. Tú, el que me ha hecho la vida tan difícil. La lectora se ha convertido en una espectadora más de su vida y la ha llenado de significado. Insiste en que la narrativa de su historia es magnífica, variada, completa; en que los personajes secundarios son coloridos y el estilo atrevido. Tú, la chica que lee, me hace querer ser todo lo que no soy. Pero soy débil y te fallaré porque tú has soñado, como corresponde, con alguien mejor que yo y no aceptarás la vida que te describí al comienzo de este escrito. No te resignarás a vivir sin pasión, sin perfección, a llevar una vida que no sea digna de ser narrada. Por eso, largo de aquí, chica que lee; coge el siguiente tren que te lleve al sur y llévate a tu Hemingway contigo. Te odio, de verdad te odio.


lunes, 25 de febrero de 2013

LA MUDA DE LA SERPIENTE 4


Pero volvamos a Benedicto XVI, nuestro faraón dimisionario. Uno de sus últimos actos ha sido nombrar director del IOR a un hombre de negocios alemán, Ernst von Freyberg, perteneciente a la Orden de Malta1. Organización caballeresca con rango de cuasi estado en la ONU de la cual han formado parte numerosos y significativos miembros de la comunidad de Inteligencia norteamericana y germana. Para mejor entendernos: organización puente entre la francmasonería y la Iglesia Católica Romana. 

Otra casualidad más, sonriendo y como si no pasase nada, con la que hay que tragar para ser aceptado en sociedad.

Las interpretaciones sobre el asunto van: desde considerar que estamos en el umbral de una segunda Reforma a considerar que el Papa dimite por un evangelio perdido (el de Barnabas) cuya difusión mostraría que los verdaderos seguidores de Jesus de Galilea son los musulmanes. Hay que ser burro.
Que cada uno piense lo que le venga en gana pero que se entere de algunas cuestiones básicas para mejor hacerlo con propiedad. Por que en esto, como en todo lo impregnado de propaganda, nada es lo que parece.
Veamos algunos items de este “intelectual” devenido Papa:

1 Benedicto XVI es un defensor decidido del Nuevo Orden Mundial. En la encíclica Caritas en Veritate llama “a la constitución de una verdadera autoridad política mundial.”

2 El Papa ha defendido públicamente, quitándole hierro al asunto, la pedofilia. Según él “era una cosa normal en los setenta” y “nada es malo o bueno en sí mismo”. Miauuuu.

3 Actuó como perito en el Concilio Vaticano Segundo e influyó, en su cargo de Gran Inquisidor (cabeza de la Congregación para la Defensa de la Fe), ante Juan Pablo II para provocar la excomunión del Arzobispo Marcel Lefebvre que deseaba retornar al antiguo ritual en la Misa.

4 Se ha encajado con calzador en la profecía de San Malaquías (una abyecta falsificación del siglo XVI) preparando a la Iglesia para “su último representante” y la adhesión indiscutida al Nuevo Orden Mundial (con su tiranía concomitante) que tendrá lugar antes que pase una década. Para poder entrar en el moto: Gloria del Olivo, que se considera vinculado a los benedictinos, se dio el nombre de Benedicto. Obviamente él no ha sido benedictino jamás.

5 Como Juan Pablo II, el Papa de la CIA y del Opus, ha defendido la Teoría de la Evolución, a la que no considera una mera conjetura, frente a la interpretación literal de la Biblia o las tesis creacionistas.

6 Llamado el Papa “verde” es también un decidido creyente en las tesis del Cambio Climático.

7 Ha visitado en olor de multitudes: Cuba, Turquía o el Líbano y sus opiniones sobre política internacional, presuntamente disidentes en algunos asuntos como las de Jimmy Carter para mejor desinformar e integrar, llaman al “dialogo” apadrinando además la estrecha relación entre los abrahamismos.

8 Según Eric Frattini: “Benedicto XVI es un Papa revolucionario y limpiador”. ¡Toma ya!

9 Como señala Joseph P. Farrell: si el siguiente Papa adopta como nombre Pedro es para preocuparse.
Y añado: el último Emperador romano (otra impostura controlada por los sicofantes de la época) se llamó Rómulo Augústulo parafraseando al fundador Roma y al primer Emperador.

10 La dimisión del ínclito Benedicto XVI no es sorprendente, teniendo en cuanta su afección por Celestino V (1294). Eremita nombrado Papa, apoyado por Carlos de Anjou que fue uno de los hijos de perra más viles de su época, acabó renunciando tras unos meses dando entrada al bellaco Bonifacio VIII.
El pallium utilizado por este Papa ha sido convertido, por decisión personalísima, en parte del vestuario de “Joe the rat” que visitó en el 2009 su cripta tras un terremoto. Ya tenía previsto dimitir.

11Antes de fallecer, Cristopher Hitchens dijo estas muy significativas palabras con las que termino:
Ratzinger himself may be banal, but his whole career has the stench of evil – a clinging and systematic evil that is beyond the power of exorcism to dispel. What is needed is not medieval incantation but the application of justice – and speedily at that.

Aldebarán en conjunción con Júpiter: más dura será la caída.













1Soberana Orden Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, de Rodas y de Malta.